El piercing es la perforación hecha en una parte distinta del lóbulo de la oreja para insertar pendientes, aros u otros ornamentos. Los motivos pueden ser diversos, pero el objetivo siempre es el mismo decorar o adornar el cuerpo. En la sociedad occidental, el piercing lo popularizó el movimiento punk en los años 70 y desde entonces no ha dejado de estar de moda.
Cualquier persona (hombre y mujer), a cualquier edad, puede decidirse a hacerse un piercing, pero es imprescindible que conozca los riesgos a los que se expone y la manera de prevenirlos para evitar que se convierta en una cuestión de salud.
El problema principal en las perforaciones suele ser la edad de los interesados y la falta de información sobre los riesgos a los que se enfrenten sino existen mediadas de higiene adecuadas de los centros en los que se hacen y por parte de las personas que los realizan. Las alergias por el material del pendiente y las infecciones por un cuidado deficitario tras la perforación, también suponen complicaciones, aunque menos serias.
La mayoría de las personas que se hacen piercing responden a un perfil adolescentes, en mayor medida de sexo femenino, de entre 14 y 17 años que desconoce las medidas preventivas que deben seguir para esquivar las complicaciones que puedan surgir.
También el escaso control a que se somete a los centros que realizan piercing y tatuajes con el fin de que cumplan las condiciones higiénico-sanitarias básicas, agrava la situación. Por tanto, es de gran ayuda que las personas que quieran hacerse un piercing estén atentas a la higiene del centro, así como del profesional que lo realiza y se informen de los cuidados que tienen que seguir tras la perforación.
En condiciones normales, la persona después de una perforación no tiene por qué sentirse mal, tan sólo se pueden tener algunos síntomas pasajeros como un poco de dolor, hinchazón en la zona perforada. Pero hay casos en los que sale mal.
Los piercing presentan complicaciones hasta en un 10% de los casos. Infecciones, alergias, cicatrices, inflamación y hemorragias son las más habituales.
- Infecciones e inflamaciones cutáneas por falta de higiene en la realización de la perforación y en los cuidados posteriores. Las infecciones locales aparecen en un 10-20% de los casos.
- Alergias por sensibilización al niquel. Hay muchas pieles que reaccionan al contacto con este material que está presente en los pendientes, incluso en algunos utensilios para realizar el piercing. Es la dermatitis más corriente que hay, porque los materiales metálicos que se utilizan para anillar nos siempre son puros y, en muchas ocasiones, tiene algún porcentaje, aunque sea pequeño de níquel.
- Transmisión de enfermedades como la hepatitis B o C, e incluso el VIH.
- Cicatrices. Hay pieles tendentes a cicatrizar creciendo hacia fuera, formando cicatrices denominadas queloides. En este tipo de personas no es recomendable hacerse piercing. Si la persona no conoce esta susceptibilidad y observa que se le forma una cicatriz de este tipo, muy frecuente en el ombligo, por ejemplo, debe optar por quitarse el piercing y consultar a su médico.
- Hemorragias. Algunos órganos como el pene o la lengua se caracterizan por una circulación sanguínea prolífera que puede presentar sangrado más acusado cuando se perfora.
lunes, 25 de febrero de 2008
Riesgos de ponerse piercing
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