El Tantra es una manifestación especial de la sensibilidad, el arte y la religión de la India. Es un culto del éxtasis, concentrado en una visión de la sexualidad cósmica. Hacia esa visión convergen estilos de vida, ritual, magia, mito, filosofía, signos y símbolos emotivos. Los textos básicos por cuyo medio se expresa esto se llaman Tantras. El Tantra incluye igualmente imágenes e ideas que proceden de las capas más antiguas de la religión india, muchas de ellas del Aiyan Veda y de los Upanishads.
Hoy día conocemos el Tantra por los textos manuscritos llamados Tantras, escritos en sánscrito o en lenguas vernáculas. Solamente unos pocos de los que sobreviven han sido publicados, y menos aún traducidos al castellano. Parecen haber sido compuestos en la India, en distintos períodos y lugares, a modo de enciclopedias de filosofía y de ritual tántrico, y copiados y aumentados muchas veces.
Sus raíces se pierden en el tiempo y muchos de sus principios místicos e iniciáticos son prevédicos y cuentan con una antigüedad de más de cinco mil años. En contraste con el firme y duro «¡No!» (netti, netti!) que lanza la tradición brahmánica oficial contra el mundo, contra todas las experiencias que más apreciamos de ordinario, como el amor, la comida, el goce estético que puede producir la naturaleza, la música, el arte, e incluso la adoración de un dios personal, el Tantra formula un resuelto, «¡Sí!», Y expresa que en lugar de suprimir el placer, la visión y el éxtasis, lo que hay que hacer es cultivarlos y utilizarlos.
Esas fuerzas, debidamente encauzadas, pueden darnos una fuente de energía sin precedentes, aportando beneficios tanto a la sociedad cuanto al individuo. Para que el cuerpo físico pueda colaborar en esto es preciso cultivarlo con tesón. El Tantra no es una creencia o una fe, sino una forma de vivir y de actuar. El tántrico tiene que vivir una vida controlada, porque sabe que sólo la repetición, de todo corazón y sin cesar, de actos auténticos, tanto físicos como mentales, puede cambiar su cuerpo y su conciencia. Llevarse bien con uno mismo es la única plataforma desde la cual se puede construir el altar de Sadhana (la práctica esforzada). La teoría, la simple lectura y el imaginar nada valen.
El Tantra sin base mente espíritu es un techo sin casa
La práctica tántrica o Vayrayana aislada no tiene demasiado sentido y es a lo sumo una excelente gimnasia, disciplina cuerpo-mente y hasta una manera armoniosa y espiritual de comprender y practicar el amor. Como camino de perfección, dentro de budismo, necesita de dos prerrequisitos básicos: el Hinayana y el Mahayana. En la construcción de nuestro templo el Hinayana son las bases, el Mahayana las paredes y el Vayrayana el techo, es decir, practicar solo Vayrayana es intentar construir nuestro templo sin bases y sin paredes. El primero, denominado también vehículo pequeño introduce la noción de la salvación del individuo, mientras que el Mahayan o gran vehículo, penetra en el concepto de ser social, ser compasivo, aprendiendo a distinguir entre nosotros y los demás
Para muchos el budismo comienza y termina en el Hinayana mientras que para otros solo es trascendente practicar el Mahayana, cuyos fundamentos están descriptos en el Sutra Prajnamarita que dice:
La forma es vacío, el vacío es forma
Y a partir de allí comienza a describir como vacías todas las enseñanzas del Hinayana, incluso las Cuatro Nobles verdades de Buda. Al no existir el Yo deja de tener sentido el Nosotros y los Otros pues la forma es asunto de ficción, de convención. Justamente, cuando separamos el mundo en lo propio y lo de otros, comenzamos a aplicar nombres y cualidades a todo lo que percibimos. Si llegamos a darnos cuenta que nada tiene una permanencia intrínseca y una forma estable, llegamos a percibir que la verdad de la forma es su vacío. Pero a su vez el vacío es forma pues el mundo no desaparece en la nada y la forma surge del vacío y es indivisible con el. El ser compasivo, ve claro que todos los seres sintientes son Buda pero que aún no lo han percibido.
Mahasukha
Vayrayana es una visión del mundo como si ya fuéramos Budas, siendo el vehículo indestructible el camino de gozo. Vayrayana revierte los términos diciendo que siempre hemos sido Budas, que nuestra ignorancia es la que nos ha impedido verlo pero podemos destruirla.
Vayrayana nos enseña que Las Cinco Verdades se corresponden con cinco Budas. El Buda del Centro es la conciencia; el Buda del Este se corresponde con la forma; el Buddha del Sur, el sentimiento; el Buda del Oeste, el de la percepción; el Buda del Norte el de la formación. A su vez, cada Buda tiene su correspondiente Buda femenino representando los cinco elementos. Mediante la unión sagrada de los elementos con el mundo de las percepciones y de la conciencia se alcanza la no dualidad, Esa unión sagrada se denomina "mahasukha” y es el objeto del tantrismo.
La entrada al Vayrayana
Ejercicios místicos
Para entrar hay preliminares ordinarios y extraordinarios. Los ordinarios consisten en darse cuenta de la dificultad de tener un nacimiento exitoso, de la impermanencia, del karma y de la futilidad del samsara, la rueda de nacimientos, sufrimientos y muertes. Los preliminares extraordinarios incluyen 100.000 postraciones y repeticiones de una fórmula de pedido de refugio. Esto es seguido de 100.000 repeticiones del mantra del ser indestructible, para purificarnos. Luego, hay 100.000 ofrendas a un mandala, en la cual el practicante imagina que está ofreciendo su propia iluminación al universo y a los iluminados que lo precedieron, Finalmente, el practicante invita al linaje a bendecirlo a través de un mantra sagrado. De esta forma, se prepara para la adquisición formal del poder.
Se entra entonces en una etapa en la cual el practicante está preparado para “enchufarse” a la sabiduría de su propia naturaleza. El guru inciático, es quien guía y desbloquea al practicante que se carga de energía para entrar en una etapa de meditación profunda.
Luego, se entra en una etapa de meditación imaginativa, de práctica de gestos, siempre pensando en una deidad sin ego infinitamente sabia. Los ejercicios meditativos en ésta etapa son muy complejos y en teoría extenuantes pero sin embargo los practicantes alcanzan estados de infinita felicidad. Siguen complicadísimas imaginerías sobre un mandala que hacen recordar a los ejercicios con los koan del Zen.
uno se pregunta el porqué de ésta complejidad. La razón estaría en la practicidad. Mediante Hinayana y Mahayana se necesitarían muchas vidas mientras que con el Vayrayana todo podría producirse en una sola vida. El método es rápido pero peligroso. Si el practicante se infatúa de los poderes adquiridos puede entrar en un proceso retrógrado muy involutivo, infernal. En Hinayana, el que enseña es un maestro, en el Mahayana un amigo espiritual y en el Vayrayana Buda mismo.
viernes, 22 de febrero de 2008
Qué es realmente el Tantra
en 7:22
Etiquetas: Sexualidad
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